Del Arrabal al Cervantes: El latido histórico de la Plaza de las Palmeras
El horizonte eterno de Jaén: En esta vista total de la plaza, la mirada se escapa hacia el fondo para encontrarse con nuestras dos grandes joyas: la silueta de la Catedral y la fortaleza del Castillo de Santa Catalina.
Para entender el Jaén de hoy, es necesario detenerse en el lugar donde el comercio, la fiesta y la cultura se daban la mano. Hablamos de la actual Plaza de la Constitución, ese espacio que durante siglos fue la Plaza del Mercado y epicentro de nuestra vida social desde la Edad Media.
Un origen entre puestos y capotes.
Urbanizada en el siglo XV como el Mercado del Arrabal, esta plaza se consolidó en los siglos XVI y XVII como la auténtica Plaza Mayor. No era solo un lugar de intercambio; era el escenario de corridas de toros y celebraciones populares. En su costado izquierdo, donde hoy paseamos, se encontraban las cocheras del Cabildo (que servían de toriles) y la antigua Casa de Comedias, demostrando que el espectáculo ya corría por las venas de este enclave mucho antes de que existiera el Cervantes.
Pinceladas de nostalgia: La estampa más icónica de nuestra Plaza de las Palmeras, con la silueta del Teatro Cervantes presidiendo la entrada a la calle Bernabé Soriano (La Carrera). Un homenaje artístico a un Jaén que ya no está, pero que no debemos olvidar.
El resurgir de las cenizas.
La conexión definitiva entre la plaza y el desaparecido teatro nace de una tragedia. En la feria de agosto de 1904, un incendio destruyó la caseta de teatro provisional situada en pleno mercado. Aquel desastre fue el detonante: Jaén necesitaba un edificio digno. Así nació la "Sociedad Anónima Constructora de 1905", encargada de levantar un coloso en los terrenos del antiguo cuartel de San Rafael.
El esplendor del Teatro Cervantes.
Inaugurado el 26 de septiembre de 1907, obra del arquitecto Manuel Rivera Vera, el Cervantes fue una joya modernista. Su espectacular cúpula, un interior "a la italiana" con capacidad para más de mil espectadores.
Fue un faro cultural absoluto:
En 1933, sus muros escucharon por primera vez el "Canto a Jaén", hoy nuestro himno.
Acogió la voz de figuras como Blas Infante y Primo de Rivera.
Desde 1927, se adaptó a los nuevos tiempos transformándose en el cine que muchos aún recordaran.
El Cervantes asoma: El desaparecido teatro se integra en el bullicio de la Plaza de las Palmeras. La arquitectura modernista se fundía con el paseo diario de los jiennenses, una estampa que marcó la identidad de nuestra capital durante gran parte del siglo XX.
El final de un símbolo.
A pesar del cariño de los jiennenses, el destino del Cervantes se truncó tras una polémica reforma en 1960. Su cierre en 1967 y su demolición definitiva entre 1972 y 1973 dejaron una herida en el paisaje urbano. El edificio de pisos que hoy ocupa su lugar nunca ha podido reemplazar el vacío emocional de aquella cúpula modernista.
Hoy, al pasear por la Plaza de las Palmeras, todavía podemos sentir el eco de esa antigua Plaza del Mercado. El Teatro Cervantes sigue vivo en nuestra memoria colectiva como el símbolo de una época dorada que nació, curiosamente, de las cenizas de un viejo mercado.
Reflexión.
El Teatro Cervantes desapareció de nuestras calles, pero nunca de nuestra identidad. A los más mayores, os invito a rescatar ese recuerdo: ¿cómo era entrar en aquel patio de butacas? Y a los más jóvenes: ¿os imagináis cómo cambiaría hoy la vista de la Plaza de las Palmeras con esa espectacular cúpula modernista?
Jaén se construye con lo que fue y con lo que recordamos. Ayúdame a que esta historia no se pierda: comparte este artículo con tu familia, pregunta en casa por el viejo Cervantes y cuéntame en los comentarios qué detalle de estas acuarelas te ha hecho viajar en el tiempo.
¡Sigamos manteniendo vivo el latido de nuestro Santo Reino!





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