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sábado, 17 de marzo de 2012

Los Angelitos de la Virgen de las Angustias de Jaén







Existe en Jaén, una hermosa historia sobre los Angelitos de la Virgen de las Angustias, que os paso a relatar.

Una mañana del años de 1667 llegó a Jaén un escultor llamado Antón acompañado de su esposa y dos pequeños gemelos. La familia fijo su residencia en una modesta casa del barrio de la Magdalena, esta familia fue un misterio para los vecinos ya que la mujer y los hijos jamas salían a la calle. Antón pronto comenzó a trabajar como escultor en las obras de la Catedral. Era un hombre muy enigmático ya que tenia un carácter muy reservado y rehuía a la gente, evitando conversar con nadie y siempre caminaba solo y por calles poco transitadas, salia temprano de su casa hacia el trabajo y volvía de noche.

Nadie conocía nada acerca de su vida o su familia, por el contrario era muy admirado por su trabajo con la piedra y la madera dada la calidad y exquisitez de sus tallas. Pronto fue aumentando su fama y demanda de trabajo.
Una noche Antón y su familia desapareció sin dejar rastro alguno. Los vecinos comentaron que esa noche habían escuchado fuertes gritos en la casa, así como ruidos de lucha y galopar de caballos. Algunos dijeron haber visto a Antón aquella noche corriendo desesperado hacia la puerta de Martos tras la gran polvareda que dejaron unos jinetes.
Al cabo de bastante años desde la desaparición de la familia, volvió a verse a Antón por las calles de Jaén. Tenia muy mal aspecto y había envejecido mucho mas de lo normal para su edad, mostraba evidente signos de sufrimiento en su rostro.
Antón se dirigió al convento de los Carmelitas Descalzos, donde se conservaban varias obras suyas, pidiendo asilo a cambio de trabajo. El superior accedió y con el tiempo se convirtió en la única personas con la que Antón conversaba de vez en cuando. Al paso de mucho tiempo y haciendo gala de una gran paciencia el padre superior gano su confianza y consiguió que el escultor poco a poco le contara su historia.
Este le relato que fue hecho prisionero de los moros cuando prestaba servicio en un barco de guerra español y conducido a tierras africanas donde estuvo prisionero cuatro años. Cuando le llego la libertad por falta de medios económicos para volver a su tierra, se puso a trabajar en casa de un rico musulmán, con el fin de ganar lo suficiente para poder regresar a España.
Allí conoció a la hermosa hija de este y se enamoro de ella, siendo un amor correspondido, pero con la oposición del padre de ella, ya que Antón era un infiel a sus ojos. Por los que ellos decidieron huir juntos de aquellas tierras, llegaron a la Península y primero se asentaron en Sevilla, donde nacieron sus dos hijos gemelos, pero por miedo que los pudieran reconocer, decidieron salir de allí y trasladarse a Jaén, una ciudad mas tranquila y alejada del comercio. La pareja decidió guardar el secreto a todo el mundo y tratar pasar desapercibidos por miedo que su paradero llegara a oídos del padre de ella.




Pero una noche sus temores se hicieron realidad y se presentaron en la casa media docena de hombres armados y a caballo, los cuales, sin mediar palabra le arrebataron a su esposa y sus dos hijos. Habían pasado diez años ya desde esa aciaga noche y Antón no podía parar de llorar recordando aquel amargo momento y las caras de dolor y sufrimiento de su familia. Decía tener grabados en la mente los rostros de sus dos pequeños llorando desconsolados, por la traumatica separación de con su padre.
En estos años el escultor había buscado a su familia hasta la extenuación, pero sin obtener resultados. Al oír este relato el padre superior quedo muy acongojado y trato de darle todo su apoyo para ayudarlo a superar los días de amargura en los que se convirtió su vida desde esa terrible noche.
Antón comenzó a trabajar en un retablo para la Virgen de las Angustias y en sus ratos libres tallaba unos angelitos que lloraban amargamente con gran dolor. En estos plasmo las imagenes de sus dos amados hijos, en el estado que los vio por ultima vez, un recuerdo que le atormentaría siempre.
Los frailes quedaron prendados y sorprendidos por la belleza y realismo de la obra y los angelitos fueron colocados al pie de la imagen de Nuestra Señora.
Dos días después de que fueran bendecidos los angelitos, el padre angustiado volvió a desaparecer, esta vez dejando una carta sobre su cama y dirigida al superior, al único amigo que había tenido, en ella le relataba que no podia soportar mas el dolor que le producía contemplar aquellos angelitos y por ello se marchaba de Jaén para siempre, para proseguir con desesperanza la búsqueda de su familia.
De Antón nunca mas se tuvieron noticias de el, ni de su familia.

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